He ido a suficientes conciertos, a los necesarios para saber cuándo me dan gato por liebre. Y sé que he tragado con gatos, perros, engendros y alimañas, pero siempre (o casi) he sido consciente de ello. He tenido pasiones musicales inconfesables, como todos, pero que no confieso en especial por aquello de no ser católico, que incluso rayan lo obsceno y lo pagano. He ido a suficientes ensayos y clases, a warm-ups y jams, a primera y a tercera regional, a doblajes de película y karaokes trasnochados. Desde lo apolíneo y lo dionisíaco a lo divino y lo humano… podría estar un buen rato y no encontraría cómo explicar con contrarios y buenas y educadas maneras porque no suelo perder el tiempo contando lo que no me gusta, porque contar es una manera de recordar. Y… ¿Para qué hacerlo?

Douglas Pearce [Death in June]. Sala Changó, Madrid, 2 de Octubre de 2016.

Tampoco me gustan las etiquetas. No creo en un sistema arbitrario que es incapaz de arbitrar, es un buen intento que falla demasiadas veces. Las etiquetas, en especial la de neo-folk, son un engañabobos (ver diccionario de la RAE). El neo-folk, con todas sus variantes hasta el dark-folk son un timo para incautos. Al menos los Sex Pistols fueron honestos y nos legaron The Great Rock ‘n’ Roll Swindle, una estafa de 1980 y una gira a mediados de los noventa, Filthy Lucre, cancelando su actuación en España por la escasa venta de entradas. En otras palabras: quiero dinero, que es lo que me interesa de ti como espectador. Hay que decir las cosas a la cara, es honestidad, y las palabras claras dicen más de ti como persona que lo que callas por vergüenza. Y yo aún guardo de recuerdo una entrada nunca utilizada de una actuación que para muchos no fue, y para mí sí que lo fue, actuaron de acuerdo a sus principios, que se pueden airear públicamente desde el comienzo de su carrera, nada que objetar, y si me lo dices a la cara, más claro que una bofetada de aire fresco, te lo agradeceré, porque tu performance de no presentarte es una declaración de intenciones. Y quien tiene intenciones publicadas tiene un código. De honor o deshonor (y no somos marines), pero un código de buena praxis, aunque sea tu propio decálogo, es completamente válido y te autoriza como persona. Un código al estilo Groucho Marx, si no te gusta lo cambio, es oportunismo, mala fe, mercantilismo y muchas ganas de contar billetes y engañar al respetable que va guiando su hocico primerizo a las mieles de un neo-folk que intenta ser hormiguero de osos que salen escarmentados.

Spiritual Front. Wurlitzer Ballroom, Madrid 22 de Febrero de 2019.

En 2016 asistimos a un concierto de Death In June en Madrid, otro más de los que se venden como acústicos o semi-acústicos, porque el inicial apoyo de Miro Snejdr a Uncle Doug fue básicamente un autobombo de su propio proyecto Herr Lounge Corps, para después hacer mutis por el foro. Y es aquí cuando acústico se convierte en eufemismo de low cost. Discoteca reconvertida, buen sonido y unos teloneros que, a pesar de llevar pregrabados samplers, trompetas, acordeones y hasta violines, apuntamos en la ‘Lista de Pendientes’ para seguir su trayectoria y volverlos a ver, a pesar de ser teloneros, a pesar de llevar desde finales de los noventa en activo, a pesar de sus muchas carencias… volveríamos a ver a Spiritual Front como teloneros o cabezas de cartel, porque prometían sorprender, pero, ingenuos nosotros, para bien (pensábamos).

Spiritual Front sobre la proyección de ‘Raging Bull’ [Scorsese, 1980] Sala Changó, Madrid, 2 de Octubre de 2016.

Y llega el gran timo de la velada neo-folk. Spiritual Front como cabeza único de cartel, Seconds Out, porque vamos a ahorrar hasta en teloneros. Y la gran verdad de la noche, no hay teloneros para tanto telonero (Bueno, sí, siempre pueden ser teloneros algunos amiguetes del barrio, los primerizos Viejas Estrellas del Porno Alemán, los chillidos desafinados de Winter Severity Index o la podredumbre de Muerte Mortal). Y si de salas se trata, en aquel 2016 nos negaron hasta un vaso de agua en la Sala Changó, pero la Wurlitzer Ballroom nos niega hasta el cambio de un billete para para pagar el guardarropa. Si quieres cambio: consume, que para eso me interesas, mientras te timo… vieja filosofía Sex Pistols reconvertida industrialmente en la nueva Europa, esa de la que se despedía DIJ en 2016.

Douglas Pearce [Death in June]. Sala Changó, Madrid, 2 de Octubre de 2016.

Un evento inicialmente previsto para el 10 de noviembre de 2018, pero cancelado y postergado arbitrariamente hasta el 22 de febrero de este año. Cuatro meses más de plazo para vender más entradas y no hacer el ridículo, porque las calvas duelen. Duelen en el orgullo y en el bolsillo.

Previamente, había estado en contacto con dos miembros de la banda, Simone Salvatori y Francesco Conte para que nos trajeran el doble CD formato libro De Luxe de su trabajo anterior, donde hay temas que realmente merecen la pena, y hacer una foto, de las habituales, de las entradas con el trabajo dedicado y el poster. Pero no va a ser así. Otro gran timo, el de las entradas físicas de tirada limitada, que son céntimos al imprimir y un sobrecoste espectacular al comprador, pero que al final el Forrest Gump de turno que le toca estar sentado controlando el acceso siente especial sadismo y morbo al romperlas. Y después de lo (no) escuchado durante la noche, tampoco nos hicimos con el libro-disco. Y en cuanto a posters, hacer tirada en papel de bajo gramaje para publicidad en las calles es lo normal, pero hacer tiradas en papel con más gramaje y venderlos a coleccionistas de cromos, incluyendo los posters de hace varios años, es otro timo más, otro engaño sin sentido. Cuando se vende un poster de un concierto su tirada es limitada, va firmado e incluso numerado, y pertenece al evento que esa noche se está viviendo. Así que con entradas inválidas gracias a Corky, sin poster y sin CD, no hay foto. Lo siento.

Spiritual Front sobre la proyección de ‘Mamma Roma’ [Pasolini, 1962] Wurlitzer Ballroom, Madrid 22 de Febrero de 2019.

Seguimos con el juego de desorientar al respetable: los horarios. Tres horas de inicio distintas en otros tantos sitios cuya única finalidad es acrecentar el nerviosismo de los asietentes por ir a hacer una cola innecesaria y lograr estar algo cercanos en una sala agobiante, que no pasa de ser un pasillo, técnicamente es un vagón de metro que se recorre para ir a los servicios que se taponan por estar en el escenario. La línea 6 del Metro de Madrid, pero con servicios al fondo y bastante más cara. Al final todo se traduce en tener en estas casi dos horas de espera al público consumiendo, para mayor gloria de la caja registradora.

Spiritual Front sobre la proyección de ‘Mamma Roma’ [Pasolini, 1962] Wurlitzer Ballroom, Madrid 22 de Febrero de 2019.

Finalmente, el karaoke. Dos miembros de Spiritual Front casi inaudibles, un sonido execrable, pregrabado sobre pregrabado y versiones desafinadas de temas de The Smiths, salpicadas con algún que otro tema de cosecha propia. Mientras, Simone Salvatori nos obsequiaba el mejor karaoke posible, para él claro, porque te pagan por lo que una noche cualquiera de copas acabas haciendo a las cinco de la mañana y pagando tú.
Afortunadamente el chino de enfrente y el bar adyacente tienen mejor cerveza, a su precio normal, y una tranquilidad relativa que contrasta con el bochorno de llegar a ver hasta cinco personas detrás de la barra del Wurlitzer Ballroom, nombre que le queda grande, vaciando barriles de cerveza y garrafón.

Spiritual Front sobre la proyección de ‘Mamma Roma’ [Pasolini, 1962] Wurlitzer Ballroom, Madrid 22 de Febrero de 2019.

No hay culpas para nadie. La industria ha cambiado las reglas del juego, el streaming obliga a los artistas a dar la cara, y habrá quien esté a la altura y sean liebre, y los habrá que no, que queden en gatos de callejón que cantaban Alaska y Loquillo, y es aplicable a artistas, porque artistas del fraude y del timo también los hay, pero también a productores, promotores, salas y sellos discográficos. Si alguien tiene un ápice de culpa es el público, por falta de criterio, por repetir etiquetas, por no ser consecuente con sus ideas y su bolsillo ni exigente con lo que se les ofrece. Mientras te dejes timar, aunque te timen los Sex Pistols mirándote a los ojos, la resposabilidad recae en ti.

Y no, no he hablado de lo que no me gusta. No las canciones, algunas ni las escuché porque salí a beber fuera. No tengo el setlist, porque tampoco me gustan The Smiths, ni me dejo timar, aunque alguna que otra vez me cuelen gato, como decía al principio, pero está en mi ánimo no dejarme: ni por grupos, salas, promotoras, tiendas o sellos. Y lo bueno de estar en PunkeXpress es que nadie nos regala nada y es una pequeña tribuna desde la que podemos hablar con total libertad. No le debemos nada a nadie, afortunadamente, se lo debemos por honradez y coherencia, para no formar parte de The Great Rock ‘n’ Roll Swindle a los mas de 7.000 lectores únicos que llegamos a tener. Y me lo deben a mí, en todo caso, por el bochorno de hacerme pasar un mal rato, precisamente el día que llegaba de Bruselas de seguir la impecable y excelente gira de White Lies. Harina de otro costal. Y otro día seguiré hablando de los conciertos low-cost. Para una mañana de sábado ha sido suficiente.

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