Hemos llegado hasta Vilar de Mouros esperando que esta mitad de Bauhaus sume en lugar de restar, multiplique y no divida. Ya en 2013 algún guiño de David John Haskins adelantaba lo que ya hoy es oficial. Si en aquella fallida improvisación de aniversario coral y jade quedó en deuda, “Mr. Moonlight Tour” de Murphy reconociendo el corpus de Bauhaus, lejos del etéreo sufismo, como el peso a las espaldas de los salarios del miedo, espada de Damocles, primogénito bienhallado y pródigo… estigma más allá del mártir.

 

Peter Murphy muta ante nosotros con la luna de frente, lo dice y se entusiasma, nadie ha matado a Mr. Moonlight y está más vivo que nunca, pero hoy no sería el turno de aquella pista de 1983, Murphy muta y lamentamos que el mejor papel de Bela Lugosi no haya sido un licántropo, aunque hace de la luna su sol y pierde su mirada en el infinito de los focos, de cabezas aturdidas y de horizontes esclavos. Peter Murphy se sabe finito y no quiere renunciar por orgullo a su propia Edad de Oro, ahora de Rubí, mientras se niega a repetir su historia, recrea su clasicismo recargado de derviches, efectismo, claroscuros, dramatismos, elegancia y sobriedad. Murphy también sabe que lo infinito viene después y por ahora se contenta en este limbo bañado de luna que antecede a su gira oficial; 40 Years of Bauhaus – Ruby Celebration, de octubre a diciembre de este año. Tiene libertad de elección y nos sorprende con King Volcano y Kingdom’s Coming. Extraña elección, casi reivindicativa y bandera blanca para comenzar casi setenta minutos de noche, bosque, luna y frío. No son temas de apertura, no forman parte de unos ‘Greatest Hits’, no son conocidos para el gran público que reacciona estático y entusiasta, pero ajeno a los trucos del gran prestidigitador hoy sacralizado como un Quijote contra los molinos del tiempo, teatralizado porque él se creó de esta manera a sí mismo, huyendo con efectividad y honor del autoplagio y de la autocomplacencia. Simplemente, no tiene que reinventar la perfección.

 

 

Aún con alguna duda que otra escuchamos los primeros acordes de Double Dare, seguida de In The Flat Field, A God in an Alcove y Silent Hedges. Con solo seis canciones Murphy nos ha dicho todo, declaración de intenciones en toda regla; sabe que no tiene que demostrar nada a nadie y a pesar de ello la espada de Damocles cae sobre los ausentes. No hay rastro de Kevin Haskins ni de Daniel Ash. Triste pasar a esta historia por inadvertidos, John Andrews a la guitarra y Marc Slutsky en la batería dibujan un tapiz sonoro tan propio de la banda, que llegan a ser más Bauhaus que Haskins o Ash. Y si David J y Peter Murphy han sumado enteros, Andrews y Slutsky con estilo propio y saber hacer, profesionalidad y luchando a cada acorde por evitar la comparación odiosa, aportan la ilusión, sonoridad y sangre nueva a un otrora maltrecho Quijote descansando sus devaneos en el hombro de un fiel escudero, David J, al quite y sin perder detalle de este gran rompecabezas escudado en sus cuatro cuerdas, suficientes, quizás demasiadas a ratos, pero dejar constancia de su presencia es tan válido como la teatralidad de Murphy.

 

 

Inequívocos acordes de Boys, inefable cara B de Bela Lugosi’s Dead, show-stopper por excelencia del Reunion Tour de 1998 anuncian la deriva amable de esta noche, repaso de singles y si quiere llamarse así, Greatest Hits; seguida de She’s In Parties, Kick In The Eye, Bela Lugosi’s Dead y The Passion of Lovers… todas de impecable factura, ejecución y puesta en escena. Murphy vuelve a jugar con los focos, las sombras, el contraluz y la ambigüedad, dejándonos huérfanos en este bloque de canciones de Ziggy Stardust, el tributo a Bowie que no fue y que quizás tiene reservado para la venidera gira.

 

 

 

In Nomine Patris et Filii et Spiritus Sancti‘ grita Murphy mientras reza la otrora vetada en 1998 Stygmata Martyr. Si pensábamos que escuchar los casi nueve minutos de Bela Lugosi’s is Dead serían el momento álgido de la noche, los cinco de esta canción de 1980 superan el clímax de su himno de 1979 para cerrar esta vez con David J regalando sus cuerdas vocales a la noche, al público y a la memoria de todos los allí presentes, Dark Entries, otro single sin álbum, otra descarga sin preaviso para desaparecer el grupo en el backstage y plácidamente volver unos minutos después con el único bálsamo que podría calmar un ‘conciertus interruptus‘, el único y esperado bis de la noche, y no por ello menos disfrutado… era incluso necesario que Severance y su eco se apagara en la noche portuguesa mientras se encendían las luces anunciando que la primera jornada del Festival llegaba a su fin.

 

 

 

Setlist:

01. King Volcano
02. Kingdom Coming
03. Double Dare
04. In The Flat Field
05. A God in an Alcove
06. Silent Hedges
07. Boys
08. She’s In Parties
09. Kick In The Eye
10. Bela Lugosi’s Dead
11. The Passion of Lovers
12. Stygmata Martyr
13. Dark Entries
14. Encore Break
15. Severance

Duración: 67minutos.

Peter Murphy and David J Celebrating the Music of Bauhaus
EDP Vilar de Mouros Festival, Vilar de Mouros, Portugal
23 de agosto de 2018

EDP Vilar de Mouros

The Borderline Music [Gracias a Kiko y al personal de prensa del Festival]

Peter Murphy

David John Haskins

John Andrews

Marc Slutsky

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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